Ficción · +18GFE · Romance2 min de lectura

Siete días con ella

Cada mañana ella le mandaba una frase para empezar. El séptimo día, él le mandó un capítulo.

Two cups of cappuccino on a wooden table
Photo: Lala Azizli · Unsplash

Hacía un año que Tomás no escribía una línea.

Su primera novela había vendido bien. La segunda no existía. Pasaba las tardes en su piso de Lavapiés mirando un documento en blanco y las noches mirando el móvil. Una de esas noches, sin saber muy bien por qué, pagó una semana de Online GFE con una creadora que se llamaba Lucía y cuya bio decía: Te escucho. Te provoco. Te acompaño.

Le escribió que era escritor. Que ya no escribía. Que no sabía qué esperaba de esto.

Lunes

A las ocho de la mañana llegó su primer mensaje.

Buenos días, escritor. Hoy no tienes que escribir nada. Solo dime: ¿cuál es la primera frase de un libro que te haya cambiado la vida?

Él contestó con una de Rulfo. Ella respondió con una nota de voz leyéndola en alto, despacio, con una voz grave que se le metió en el pecho.

Por la noche: Buenas noches. Mañana te toca a ti.

Miércoles

El martes, ella le mandó una frase para empezar: Ella abrió la puerta sin llamar. Él escribió tres líneas. Solo tres. Se las mandó a medianoche, muerto de vergüenza.

Más, contestó Lucía. Con un emoji de fuego.

El miércoles la frase fue Él nunca había dicho que no. Tomás escribió una página. Ella le mandó a cambio una foto con un jersey enorme y un libro abierto sobre las piernas desnudas: Leyendo lo tuyo. No pares.

Él no paró.

Viernes

Para el viernes el documento tenía doce páginas y una protagonista que, sin que él lo hubiera decidido, hablaba exactamente como Lucía.

“¿Es raro?”, le escribió. “¿Que estés en el libro?”

Es lo más bonito que me han dicho esta semana, contestó ella. Pero cuidado: ella no soy yo. Tú no me conoces. Conoces a la que te escribe a las ocho.

Tenía razón, y él lo sabía. Sabía que había otros, que esto era su trabajo y que lo hacía muy bien. No le importaba. Alguien le esperaba cada mañana. Alguien quería saber qué pasaba en la página siguiente.

Domingo

El séptimo día, a las ocho, no llegó ninguna frase. Llegó una pregunta.

Se acaba nuestra semana. ¿Quieres otra? Sin presión.

Tomás le mandó, en lugar de respuesta, un archivo: el primer capítulo entero, veintitrés páginas, con una dedicatoria provisional en la primera hoja. Para L., que me dio la primera frase.

Diez minutos después, una nota de voz. Solo se oía su risa, y luego, en voz baja: Renueva, escritor. Quiero saber cómo termina.

Renovó un mes.

Esta historia es ficción. Todos los personajes son adultos inventados (+18) y cualquier parecido con personas reales es pura coincidencia.

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