Javier se lo había confesado a Marta una noche de agosto, en la terraza, con la voz de quien teme haber roto algo. Ella no dijo nada en dos semanas. Después, un domingo, le enseñó la reserva en el móvil: una casa rural a las afueras de Granada, tres noches, patio con jazmines.
«Yo elijo al invitado», dijo. «Yo pongo las normas. Tú solo dices sí o no. Ahora.»
Él dijo que sí antes de terminar de escuchar.
Andrés
El invitado se llamaba Andrés y era sumiller en un restaurante del Albaicín. Marta lo había conocido en una cata y había hablado con él durante semanas, con una franqueza que a Javier le daba vértigo leer. Cuando llegó a la casa, traía tres botellas y una sonrisa tranquila.
«Esta noche», le dijo Marta a su marido, «tú sirves el vino. A los tres. Y después te sientas en la silla de mimbre y no te levantas. Si algo va mal, para cualquiera, la palabra es jazmín.»
El patio
Javier sirvió tres copas con las manos temblorosas. Andrés probó la suya, asintió, y le dio las gracias como a un camarero excelente. Ese detalle le encendió algo por dentro que no supo nombrar.
Luego se sentó. Desde la silla de mimbre veía el patio, la luz de los farolillos, y a su mujer, que lo miraba a él mientras otro hombre le besaba el cuello.
«¿Te sigue pareciendo buena idea?», le preguntó ella.
«Sí», respondió. «La mejor que he tenido.»
Ella se rió bajito. Cada pocos minutos le pedía que rellenara las copas, y él se levantaba, servía y volvía a sentarse. Esa obediencia pequeña era, de alguna forma, lo más íntimo de toda la noche. Lo que pasó después se quedó en aquel patio.
La última copa
Cuando Andrés se fue a su habitación, Marta se sentó en el regazo de Javier, en la silla de mimbre, que crujió bajo los dos.
«Ahora me cuentas cómo te has sentido», dijo. «Con detalle. Y no se te ocurra mentirme.»
Él le habló de los celos, que duraron poco, y del orgullo, que no se fue. Ella lo escuchó con la frente apoyada en la suya.
Han vuelto a Granada dos veces. La silla de mimbre siempre está en el mismo sitio. Marta dice que es la única silla del mundo en la que su marido le hace caso sin rechistar.



